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Pepe Cobo, galerista: «Compro más obra actual que el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo» PDF Imprimir E-Mail
Escrito por extraido de www.abc.es   
lunes, 29 de septiembre de 2003

Pepe Cobo. Foto ABC
Pepe Cobo
Se trajo de París a Pepe Espaliú para que, junto con otras energías, le dieran marcha a La Máquina Española y al arte contemporáneo en Sevilla. Casi veinte años después de aquella incalculable osadía, dice: «la ciudad aún ve con escepticismo la vanguardia. Quizás porque ha habido mucho moderno muy poco riguroso».

-¿Recordar a Pepe Espaliú es un ejercicio de memoria o de justicia?

-De cariño, admiración y reconocimiento. Por supuesto que también de justicia.

-Espaliú fue un activista gay, un símbolo de la lucha contra el Sida y un artista de los 80. ¿Demasiada explosión en la mezcla?

-Hoy puede parecernos leve. Pero entonces la mezcla fue inteligentemente explosiva e innovadora.

-Diez años después de Espaliú ¿qué queda del motor que movió a La Máquina Española?

-El maquinista. Con la experiencia de aquellos años pero buscando llegar al mismo sitio por caminos diferentes.

-No domino el Zen. ¿Puede ser más concreto?

-Quiero decirle que de los errores se aprende y mi único objetivo es difundir artistas y crear colecciones de arte contemporáneo.

-El caso es que, de alguna forma, Espaliú se convirtió en el símbolo de su marca galerística. ¿Lo que él representaba lo entendió la ciudad donde usted quiso vender sus obras?

-Veinte años después se entiende mucho mejor. En su momento el lenguaje era bastante nuevo y rompedor.

-Usted se va a Madrid porque aquí la gente no compra garabatos de colores. ¿Dónde fue más sangrante la insensibilidad: en el mercado o en la política?

-Entonces en el mercado. La política cultural fue muy acertada. Pero en Madrid había más expectativas.

-Insinua que en los 80 el único mercado sevillano era el siempre pendiente de la Encarnación...

-Y el de Entradores. Entonces éramos pocos, felices e ingenuamente arrogantes.

-¿Qué le queda de entonces: deudas o dudas?

-Ambas cosas. Pero sobre todo el sentimiento agridulce de que pese al salto de calidad dado en materia cultural, continuamos con carencias muy fuertes.

-Sepamos algunas...

-Yo compro más obra actual que el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo.

-A mí me quedan dudas, como por ejemplo, por qué Sevilla, con aquel semillero artístico, no ocupa hoy el lugar que tiene Valencia...

-Sobraba materia prima, pero faltó una estrategia política continuada y sostenida.

-Otra duda: por qué una revista como «Figura» no sobrevivió al ardor político, siempre tan voluble.

-Se lo repito: faltó una estrategia política continuada y sostenida.

-¿Y en veinte años han cambiado los gustos, legítimos, por supuesto, de la ciudad a la que usted quería provocar?

-Algo ha cambiado. Pero sigue dominando el escepticismo sobre el arte contemporáneo.

-Quizás porque ha habido mucho matute...

-Sin dudas. Ha habido modernos muy poco rigurosos.

- Por qué los empresarios catalanes compran con su dinero obras para el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona y aquí compran casas rocieras, tan artísticas.

-Con una mano cuento los coleccionistas que conozco. Y lo de Barcelona es tan cierto como civilizado.

-En la inauguración de la exposición homenaje a Espaliú estuvo Torres Vela, consejero de Cultura en los años que recordamos...

-Torres Vela siempre atiende las llamadas del arte contemporáneo.

-¿Y usted porque cambió el café por el pastel artístico, siempre tan indigesto en Sevilla?

-Es mi vida, mi máxima ilusión.

Nombres para una historia

Pepe Cobo se inició como galerista en 1984, abriendo en Pastor y Landero La Máquina Española. En aquella máquina se montaron creadores como Rafa Agredano, Fede Guzmán, Patricio Cabrera, Guillermo Paneque y Pepe Espaliú, entre otros. Tras La Máquina, Cobo siguió abriendo locales y colgando de sus paredes obras tan exclusivas como la de Andy Warhol, Juan Muñoz, Cristina Iglesias o José María Sicilia. Su nombre fuerte para esta temporada es Baldesari.

Pepe Cobo abrirá próximamente en Madrid, en la calle Argensola, una oficina escaparate de su galería sevillana, con proyecto de los arquitectos Avalos y Herreros, autores de la casa y el estudio del pintor Luis Gordillo.

29-9-2003

www.abc.es

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