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ALBERT OEHLEN en Juana de Aizpuru PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Galería Juana de Aizpuru   
miércoles, 22 de octubre de 2008

 

Albert Oehlen
Albert Oehlen

La galería Juana de Aizpuru presenta la exposición del artista ALBERT OEHLEN del 22 de octubre – 22 do noviembre de 2008.

DE LA YUXTAPOSICIÓN Y LA CÓPULA

Albert Oehlen es un artista camaleónico en su versión más auténtica. Es, por fuerza, un apasionado del soporte, un disidente de la norma, un tránsfuga del academicismo y un agitador de fuste, que sobrevuela el canon para fundar un mestizaje punzante, proclive a la vehemencia del color y al de las formas. Su increíble habilidad para transitar por los espacios de lo pictórico hasta sus zonas expandidas donde el lenguaje se traviste en otra cosa más allá de su evidencia, le han convertido en un referente imprescindible a la hora de comprender los relatos de ampliación y de renovación del lenguaje pictórico contemporáneo, así como de sus posibilidades retóricas y analíticas.  
Su vasto y meteórico historial de exposiciones internacionales, junto a esa capacidad incuestionable de evolución de su trabajo, le han granjeado el reconocimiento que le acredita como uno de los artistas más influyentes y de mayor proyección en la escena de las prácticas artísticas contemporáneas. La obra de Albert Oehlen, en tanto gesto travestí de acento neobarroco, advierte de un trasiego constante por caminos experimentales que aportan novedad y gracia a la impronta autoral de una obra y de un modo de hacer ya conocido en el ámbito del arte. Existe en ella una necesidad irrefutable de superación de sus propias metas y de sus propios horizontes de enunciación, que justifica –seguramente- la búsqueda ansiosa de nuevas soluciones. Desde la figuración pictórica de sus primeras obras, suscritas a ese espíritu activista que cifró el “retorno a la pintura” y la llamada  “recuperación del paradigma estético del arte”, hasta su producción actual en la que aparecen imágenes generadas por medios digitales que deambulan en campos de color y en enormes collage, atravesado por yuxtaposiciones irreverentes y enfáticas, su discurso no ha dejado de evidenciar cambios en la reformulación morfológica, así como en la agilidad y agudeza de sus preceptos narrativos y argumentales.
Esta nueva exposición suya, trasciende el orden de la pintura a favor de un exquisito regodeo en el universo copulativo y lúbrico del collage. Esta vez, las técnicas sugestivas y seductoras del collage (por todo lo que de travestismo y de yuxtaposición insinuante contienen) sirven de soporte y punto de partida a la articulación de un discurso que no parece estar sujeto a ninguna concepción esencialista del hecho estético y sí a un fluir impresionante de la gestión transversal que éste hace de los lenguajes y de los medios en una estructura discursiva bidimensional que, a ratos, se ve orientada a los reinos expandidos de la instalación. Revelando, de este modo, una delicada destreza en el manejo de los recursos espaciales que moviliza más de un guiño entre las piezas bidimensionales expuestas y la instalación que conforman esta exposición. Una parte de la sala pudiera entenderse como la obra en sí; la otra –en cambio- como el espacio del artista, una especie de performance -quizás metáfora sofisticada- de la propia defunción de su pintura.
Al margen de las defunciones y los anuncios de caducidad tan de moda de un tiempo acá, lo obra de Oehlen se arremolina en los discursos y lenguajes ya tradicionales, cobijados por el panteón del arte. Sin embargo, al igual que hizo con la pintura, usada entonces para hacer énfasis sobre las presuntas deficiencias del lenguaje visual, creo que ahora mismo dignifica el uso del collage en un acto de exploración (casi de dimensión ontológica) acerca de las posibilidades del medio. De este modo pareciera postular nuevos tropos; resultado de esas yuxtaposiciones y mixturas antojadas, forzando las expectativas convencionales de la interpretación y de la lectura, presa de una búsqueda –muchas veces infructuosa- de paisajes de sentidos desde los que poder articular un discurso coherente que “aprehenda” la totalidad de las obras. Así visto, estas nuevas piezas suyas, especie de nuevas cartografías de cruces, de encuentros y de desencuentros, pudieran ser interpretadas como nuevos escenarios irónicos, en los que el artista ensaya y explora otros mecanismos de representación y de recepción.
Habiendo sido personaje relevante del grupo de artistas de Hamburgo, un posicionamiento sin duda alguna ideológico, Oehlen no puede disimular esa vocación sociológica y de cuestionamiento crítico que desde siempre ha animado su trabajo como artista. ¿Serán estos nuevos retablos una metáfora jugosa que pretende alertar sobre la esquizofrenia del mundo contemporáneo? ¿Un modo, si cabe, de relatar una experiencia estética, que se organiza sobre los órdenes de la acumulación, el exceso y el cansancio que resulta de toda esa mecánica? La respuesta pudiera estar localizada en la misma instalación, en la que un set rebasado por la pobreza y la austeridad en la decoración, descubre el regazo cómodo de un personaje víctima, en la superficie de la pintura, que se construye y se corrige frente al espejo. La sobriedad de este espacio, alegoría de soledad y de desidia, en diálogo dramatúrgico con la densidad y epifanía del resto de las piezas, pudiera trazar un arco de sentidos alrededor de la dura vida del artista en tanto personaje que mimetiza y examina un amplio registro de prácticas sociales.

Esta muestra, sin título, se ofrece como prueba de un particular modo de abstracción y al mismo tiempo como testimonio de un singular mecanismo de participación y de compromiso con el universo insondable de sus circunstancias. Estas piezas obligan a la mirada a deambular de un soporte a otro, de un espacio a otro, buscando entre los resquicios del collage y el misterio de la instalación, un relato, una historia, un asidero para el entendimiento y la comprensión. Hay cierta anarquía ponderada, que responde a esa declaración suya en la que advierte: “no me interesa el caos, sino el orden sin control”. Algo que, con igual grado de vehemencia, responde a la naturaleza misma del collage. En él se facilita la tensión, el ámbito de la desproporción equilibrada, el énfasis en una semántica cubista que apunta a muchos universos referenciales distintos. Puede que esta vez, y tan solo con el uso de un medio, Albert Oehlen sea capaz de hacer un nuevo diagnóstico de la actual situación de la cultura.


Andrés Isaac Santana

EXPOSICIÓN DE ALBERT OEHLEN (KREFELD, 1954)
Galeria Juana de Aizpuru
22 de octubre – 22 do noviembre de 2008

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