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Europalia 85, una carrera de obstáculos con final esplendoroso PDF Imprimir E-Mail
Escrito por extraido EL PAIS / ANGELES GARCÍA   
lunes, 30 de septiembre de 1985

Las grandes exposiciones que España ha llevado a Bélgica para el festival Europalia 85 terminaron de montarse ayer en Bruselas y en otras capitales. La respuesta a esta invasión de la cultura española, que en Bélgica ha sido acogida con gran expectación y en nuestro país ha recibido críticas y elogios, ha sido espectacular. Tres días antes de que se inaugurara en la abadía de San Pedro, en Gante, la muestra Santiago de Compostela, 100 años de peregrinación europea se habían solicitado casi 400 visitas colectivas. Para entrar a la exposición dedicada a Goya en Bruselas, podía verse a centenares de personas nutriendo larguísimas colas ante el Museo Real de Bellas Artes. El interés de la población belga por estar en todos y cada uno de los actos de Europalia 85 ha sido evidente en estos primeros días de invasión cultural española. Dos enviados especiales de EL PAIS narran el desarrollo y el resultado del montaje de este festival.


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Lo 3 días previos a la inauguración y las primeras jornadas de la puesta en marcha de este amplio programa que han estado presididas por la excitación y el agotamiento, pues las dificultades previas parecen haber sido más de las que cabe suponer a la vista del resultado final. "Ha habido gente que parecía creer que esto de Europalia me lo había inventado yo, y que era un afán personal mío", dice Luis González Seara, el comisario general español, cuando explica las causas de las lagunas que el visitante puede observar en algunos puntos del programa.

Matías Díaz Padrón, comisario de la exposición Esplendores de España y de las ciudades belgas (1500-1700) fue el primero en hablar, el día de la inauguración del certamen, de esas lagunas, puesto que, a su juicio, el resultado de esta exposición se podría haber mejorado si el Museo del Prado hubiera colaborado plenamente, ya que los responsables de la primera pinacoteca española no han autorizado la salida de obras como el lienzo de El príncipe Baltasar Carlos, Las lanzas, de Velázquez, o de alguno de los bocetos que Pablo Picasso hizo para el Guernica y cuya ausencia produce un notable vacío en la exposición que el pintor malagueño comparte en Gante con Joan Miró y Salvador Dalí.
Improvisación

Bien es cierto que algunas de estas lagunas parecen haberse solucionado con una sorprendente improvisación, como ocurrió en Esplendores de España, donde una de las esculturas que representa a Jesucristo exhibe en una de sus manos una tibia que inicialmente no llevaba, y que una de las restauradoras, María Jesús Llorente, colocó en la mano "para que no se perdiera" al sacarlo de la caja en que había sido transportado desde España. El día de la inauguración, la restauradora vio con gran sorpresa y cierto estupor que la escultura conservaba en la mano el hueso que ella había colocado.Pero la batalla por llegar al esplendor final ha sido más dura de lo que estas anécdotas puedan reflejar. González Seara asegura que ha habido pueblos de los que los colaboradores de Europalia han tenido que salir literalmente corriendo. El material para las exposiciones de Esplendores y El camino de Santiago han sido las que más problemas de esta clase han provocado, pues muchas de las las piezas proceden de pequeñas localidades "en las que por ejemplo, pedías un capitel y te lo negaban porque decían que el capitel tenía poco valor y que lo realmente bueno era otra obra, que por muy buena que fuera a nosotros no nos servía". En Santiago de Compostela se han conseguido piezas para la reconstrucción del coro de la catedral gracias al arzobispo, ya que el alcalde se negaba en redondo.

Reunir por primera vez los 24 manuscritos que integran la exposición de Los Beatos, también parece haber sido una durísima tarea. Los propietarios pasean con sus sotanas en los alrededores de la biblioteca Albert I de Bruselas, donde se exhibe, como si no acabaran de fiarse de la fuerte vigilancia policial que hay en cada una de estas exposiciones. Según cuenta González Seara, el celo mostrado por los propietarios de estos valiosos manuscritos ha llegado al extremo de que para trasladar una pieza procedente de Lisboa se impuso la condición de que viajara en avión, en dos plazas de primera, y que resultó verdaderamente laborioso convencer a los propietarios, el Archivo Nacional da Torre do Tombo, de utilizar métodos de viaje más convencionales y eficaces.
López, aliviado

Pero no todo el programa ha estado acompañado de dificultades semejantes. La exposición dedicada a tres creadores de las artes plásticas contemporáneas, Antoni Tàpies, Eduardo Chillida y Antonio López, en el Museo de Arte Moderno de Bruselas, una de las más esperadas y visitadas también ya en estos últimos días, ha contado con la colaboración directa de los propios artistas, quienes no sólo han colaborado con sus propios fondos, sino que los tres se han encargado de supervisar el montaje de la exposición. Antonio López, del que se presenta la mayor retrospectiva de su obra realizada hasta el momento, con más de 90 cuadros cedidos, en su mayor parte, por coleccionistas norteamericanos y europeos, trabajó incansablemente con su mujer, María Moreno, para que las luces y la ubicación de cada obra fueran las más adecuadas. Ya al final, un poco aliviado (López expuso el pasado verano en Albacete), echaba de menos su tiempo para poder seguir pintando y acabar con estas actividades públicas que tan poco le entusiasman.Antoni Tàpies estaba satisfecho del resultado final, aunque un poco apenado por las críticas que sobre la "ausencia de creadores catalanes en Europalia" se han efectuado desde la Generalitat. Tàpies no solamente está en desacuerdo con esa crítica, sino que considera que esta institución tendría que haber desplazado a alguna personalidad para apoyar a sus artistas: "Creo que debieran haber estado aquí, y cuando vuelva pienso manifestar mi protesta".

En la que se ha presentado como la más nueva de las exposiciones en lo que a artes plásticas se refiere, Cinco artistas españoles, en el Museo de Arte Moderno de Gante, la directora de exposiciones del Ministerio de Cultura, Carmen Giménez, denunciaba públicamente el boicoteo realizado contra esta exposición por parte de Herman Liebaers, el comisario general de Europalia por parte de Bélgica.

El resultado de esta actitud es que la escasez de carteles publicitarios, que en general rodean al certamen de Europalia 85, era total en Gante. Ni siquiera la bandera española había sido colocada ante el museo.

"Liebaers nos ha dicho tranquilamente que aborrece el arte moderno y que no piensa colaborar" aseguraba Carmen Giménez, "y es una actitud que me parece intolerable".

Al margen del boicoteo, los jóvenes creadores protagonistas de esta exposición, salvo Miquel Barceló, estuvieron personalmente para presentar al público su obra.

Miguel Ángel Campano, Ferrán García Sevilla, Menchu Lamas y José María Sicilia coincidían en afirmar que lo que aquí se expone poco o nada tiene que ver para lo que hacen ahora, y que la selección de pintores es perfecta porque son los mejores.

García Sevilla, quien asegura que produce diariamente una media de dos cuadros, generalmente inspirados en las fotografías que publica EL PAIS, resumía el interés de Europalia en que es una buena promoción para su trabajo y, en especial, para que aumente su cotización, si bien no quiso precisar el precio actual de sus obras.

Miguel Ángel Campano, hijo del teniente general Campano, hizo alarde de esta misma actitud individualista. "Me da igual que no vengan otros, y no me planteo si tienen o no más méritos artísticos que yo. Lo que me interesa es que esté mi pintura".
Madre orgullosa

Como una madre orgullosa de sus hijos estaba Juana de Aizpuru, por cuyas galerías han pasado estos cinco expositores en alguna ocasión. Con una sonrisa inamovible, repetía incansable que la exposición es preciosa y que los cinco tienen méritos más que suficientes para representar la última pintura española.Pero en el resultado final, los obstáculos no se han notado a juzgar por la respuesta del público y las críticas de los periódicos belgas, donde se aseguraba que el programa que ha presentado España es el más adecuado para dar a conocer la cultura española.

EL PAIS / ANGELES GARCÍA, - Madrid - 30/09/1985

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