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LA SOMBRA. Museo Thyssen-Bornemisza PDF Imprimir E-Mail
Escrito por extraido de www.museothyssen.org / www.abc.es · EFE   
lunes, 09 de febrero de 2009

LA SOMBRA.  Museo Thyssen-Bornemisza. En la imagen, Obra de Pablo Picasso ( Pablo Picasso. La sombra sobre la mujer, 1953. The Israel Museum, Jerusalén. Depósito de Ayala )
LA SOMBRA

Una antigua fábula de Plinio el Viejo († 79 d.C) sitúa el origen de la pintura en Corinto, donde una joven muchacha, hija del alfarero Butades de Sición, habría trazado el contorno de su amante sobre una pared, a la luz de una vela.

“La sombra” como tema artístico ha estado indivisiblemente unida a la historia del arte occidental. Su intencionalidad ha sido fundamentalmente naturalista, al subrayar la verosimilitud de lo representado. Pero cada época la ha dotado de connotaciones diferentes. La presente exposición —lejos del formato monográfico al uso— se propone llamar la atención del visitante sobre el amplio espectro de implicaciones, problemas y soluciones suscitado por la representación de la sombra en el arte desde el Renacimiento hasta nuestros días. Algunos de los objetivos de esta exposición son poner de relieve la existencia de caminos transversales y mostrar los hilos, a veces ocultos, que unen, pese a la distancia cronológica, las épocas y los artistas 

La invención de la pintura

La primera sala, concebida a modo de introducción, está dedicada a ilustrar el mito de Butades antes referido a través de la obra de artistas como Joseph Wright of Derby, David Allan y Joseph Benoît Suvée. También se incluyen pinturas de Matías de Arteaga y Karl Friedrich Schinkel que se basan en Quintiliano († c. 96 d.C) al hacer derivar el origen de la pintura de la circunscripción de las sombras solares sobre una pared. La sala se cierra con una obra de los pintores contemporáneos Vitaly Komar y Alexander Melamid, que retoma el mito de Butades para ironizar sobre los fundamentos clasicistas del Realismo Socialista.

Renacimiento

Aunque las primeras sombras en el arte datan del siglo IV a.C —vinculadas todavía a escenografías teatrales y al sombreado de objetos en relieve—, la sombra proyectada hace su verdadera aparición en el Renacimiento. Durante el siglo XV se produce un acercamiento empírico a la sombra, mientras que un siglo después ésta se vincula estrechamente con la perspectiva. La sombra, como resultado de la interposición de un cuerpo sólido y opaco entre una fuente de luz y una superfi cie de proyección, fue objeto de experimentación temprana por parte de artistas como Gentile da Fabriano, Giovanni di Paolo, Pier Maria Pennacchi, Lorenzo Lotto o el Maestro de la Leyenda de la Magdalena. Se observa también la connotación simbólica positiva que la sombra adquiere al vincularse al tema de la Anunciación. Así, en las obras de Jan van Eyck, Lorenzo di Credi y Ludovico Carracci, el refl ejo opaco del Ángel o de la Virgen alude a la “sombra del Todopoderoso”, bajo cuyo poder se produce el milagro de la Encarnación.

Barroco

A partir del Renacimiento, al tiempo que se asiste a una profundización en el conocimiento de la representación de las sombras —que llegará a formar parte de la enseñanza de las academias—, se limita su uso por la propensión a ensuciar o emborronar la composición, en detrimento de la claridad visual. Sin embargo, los “tenebristas” del Barroco supieron como nunca antes explotar sus espectaculares posibilidades. En las escenas religiosas de Jean Leclerc, Matthias Stom, Gerrit van Honthorst, Hendrick ter Brugghen, Georges de La Tour, Mattia Preti y el llamado Maestro de la Luz de la Vela, la sombra sirve para enfatizar la presencia sagrada y su incardinación en la vida cotidiana. En Rembrandt y Pieter de Hooch, la luz y la sombra construyen espacialmente la composición y sugieren la temporalidad de la escena. Por último, la obra de Jacob I van Oost es un ejemplo singular en el que la sombra aparece proyectada sobre el lienzo representado.

Romanticismo

Con el Siglo de las Luces, la sombra alcanza un nuevo protagonismo de la mano de Johann Caspar Lavater y sus Fragmentos fi siognómicos (1775-1778), con los que pretende sentar las bases para el estudio de la personalidad humana a partir de la proyección del perfi l del rostro sobre una pantalla. Pero el siglo XVIII fue también el del nacimiento del concepto estético de lo “sublime”, y la sombra comienza a ser valorada por sus cualidades narrativas eminentemente negativas. Poco a poco se asiste a la aparición de una verdadera “estética de lo siniestro”, algunos de cuyos ejemplos más destacados se encuentran en la obra de Goya, Heinrich Wilhelm Tischbein, Joseph Wright of Derby, Adolph von Menzel, Jean-François Millet, William Holman Hunt, Jean-Paul Laurens, Gioacchino Toma y Émile Friant.

Simbolismo y fin de siglo

El simbolismo, al apartarse de la representación naturalista de la realidad, encumbró la visión subjetiva como eje de la representación plástica. Lo misterioso y lo sombrío despertaron la creatividad de escritores y artistas. En las escenas de interior de Monet, en las que varios personajes de una misma familia se concentran bajo la luz de una lámpara, resuenan todavía ecos del tardo-Romanticismo francés, aunque con un mayor énfasis sobre el estudio de la luz y la sombra como fenómeno plástico. Su ejemplo fue seguido por los artistas nabis Édouard Vuillard y Félix Vallotton, en cuyos interiores la atmósfera se adensa y las formas tienden a aplanarse. Desde una óptica más literaria, la sombra centrará también buena parte de la producción de artistas como Léon Spilliaert, Xavier Mellery o el joven František Kupka.

Impresionismo

La exposición se cierra en las salas del Museo Thyssen-Bornemisza con una sección dedicada al impresionismo. En ella se observa un giro importante en el tratamiento de la sombra, que por primera vez abandona su carga narrativa para convertirse en sujeto de investigación exclusivamente plástica. La sombras de los árboles ocupan un lugar destacado en la obra temprana de Monet, pero es en Camille Pissarro y Alfred Sisley donde mejor se observa cómo las sombras coloreadas dejan atrás el tradicional empleo del negro y, con él, la carga peyorativa de la sombra. Otros artistas que completan la sala son Childe Hassam, Joaquín Sorolla, Santiago Rusiñol y Darío de Regoyos.

Realismos modernos

Las sombras carecieron de relevancia plástica en el primer cubismo y los movimientos abstractos subsiguientes, fieles a la bidimensionalidad del cuadro. Hubo que esperar a Giorgio de Chirico para que la sombra alcanzase un nuevo protagonismo, a medio camino entre la verosimilitud naturalista y la pesadilla. En los holandeses Pyke Koch, Carel Willink y Dick Ket el empleo de sombras seudo-cinematográficas, unido al carácter estatuario de las figuras -tomado de Piero della Francesca y Mantegna-, nos introduce en una “realidad mágica”. Pareja dualidad entre un orden aparentemente estable y la amenaza de lo siniestro está también presente, con diferentes matices, en la obra de Christian Schad, Felix Nussbaum, Edward Hopper, Rockwell Kent, Alfonso Ponce de León y Gregorio Prieto. De un modo más singular, en Picasso la sombra del artista –que es a su vez la del espectador- se proyecta sobre la mujer desnuda representada.

Surrealismo

Si algún movimiento de la pintura contemporánea dedicó una especial atención al tratamiento de la sombra, éste fue el surrealismo, principalmente en su vertiente vinculada a la representación de los sueños. Artistas como Salvador Dalí, Yves Tanguy, René Magritte, Paul Delvaux y Esteve Francés dotaron a la representación de los sueños de una verosimilitud aún más acusada que la de la propia realidad contemplada por nuestros ojos, recurriendo para ello a una técnica minuciosa y al empleo masivo de las sombras. En Dalí, además, las sombras ayudan a recomponer imágenes contradictorias, dentro de lo que se ha denominado el método “paranoicocrítico”. Completan la sala las obras siempre intrigantes de Max Ernst y Joseph Cornell.

Del pop art a nuestros días

La sombra también ha jugado un papel importante en la pintura de la segunda mitad del siglo XX, a raíz del triunfo del pop art en el panorama artístico internacional de los años sesenta. Andy Warhol y Roy Lichtenstein, en su empleo de motivos medios artísticos vinculados a la publicidad, dieron cabida a la sombra como un elemento más de la vida cotidiana. Warhol, en concreto, dedicó una serie completa al tema de “la sombra”. En la obra homónima seleccionada, la fractura moderna del hombre con su sombra es el tema central de la composición. En la estela del pop y más allá de él, la sombra ha continuado atrayendo la atención de artistas como Ed Ruscha, Gerhard Richter, Jürgen Klauke y Susan Rothenberg. Claudio Parmiggiani y Tobia Ercolino la evocan como una éterea y poética presencia.

Del pop art a nuestros días

La sombra también ha jugado un papel importante en la pintura de la segunda mitad del siglo XX, a raíz del triunfo del pop art en el panorama artístico internacional de los años sesenta. Andy Warhol y Roy Lichtenstein, en su empleo de motivos medios artísticos vinculados a la publicidad, dieron cabida a la sombra como un elemento más de la vida cotidiana. Warhol, en concreto, dedicó una serie completa al tema de “la sombra”. En la obra homónima seleccionada, la fractura moderna del hombre con su sombra es el tema central de la composición. En la estela del pop y más allá de él, la sombra ha continuado atrayendo la atención de artistas como Ed Ruscha, Gerhard Richter, Jürgen Klauke y Susan Rothenberg. Claudio Parmiggiani y Tobia Ercolino la evocan como una éterea y poética presencia.

Cine

Incluso antes que en la fotografía, la sombra alcanzó un desarrollo temprano en el cine expresionista alemán como prolongación siniestra del hombre. Otros realizadores posteriores ampliaron el espectro de recursos, buscando nuevos contenidos que casi siempre tienen que ver con la esencia misma del encuadre fílmico, abierto a la imprevista circulación de seres y objetos. En esta última sala se proyectarán fragmentos de películas de Robert Wiene, Arthur Robinson, F.W. Murnau, Fritz Lang, Lotte Reiniger, Serghei Eisenstein, Howard Hawks, Alfred Hitchcock, Woody Allen, Peter Greenaway y Quentin Tarantino.

DEL 10 DE FEBRERO AL 17 DE MAYO DE 2009

LA SOMBRA · Museo Thyssen-Bornemisza · Fundación Caja Madrid

www.museothyssen.org

 


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El Thyssen hace un recorrido por «la sombra» en la historia del arte

EFEEFE | MADRIDPublicado Lunes, 09-02-09 a las 18:51

«En pintura nada da mayor realce a la luz que las sombras». Esta afirmación de Plinio el Joven se hace realidad en la exposición que ha inaugurado el Museo Thyssen-Bornemisza sobre la representación de la sombra desde el Renacimiento hasta la actualidad.

Las sedes del Museo Thyssen y de la Fundación Caja Madrid muestran un total de 144 obras de más de un centenar de artistas, seleccionadas por el comisario Victor I.Stoichita, autor de "Breve historia de la sombra". En este ensayo plantea una historia de la sombra a partir de la antigua fábula de Plinio el Viejo que sitúa el origen de la pintura en Corinto, donde una joven muchacha, hija del alfarero Butades de Sición, habría trazado el contorno de su amante sobre una pared,ayudada por la luz de una vela.

Guillermo Solana, director artístico del Museo, ha recordado durante la presentación que cuando leyó el libro de Stoichita quedó fascinado por el argumento, "y pensé -ha dicho- que ese texto estaba pidiendo convertirse en exposición". Aunque basada en el ensayo, la muestra "transcurre paralela a los argumentos desarrollados en el libro", con una distribución sencilla y desarrollo cronológico y a la vez temático. En opinión de Victor I.Stoichita, más que una traducción del libro en exposición, "se trata de una nueva creación".

Espectáculo visualEl resultado ha sido un espectáculo visual sobre la sombra que comienza con pinturas relacionadas con el mito de Butades, ilustrado con obras de Joseph Wright of Derby, David Allan y Joseph-Benoît Suvée, así como de Matías de Arteaga y Karl Friedrich Schinkel. Después de años de olvido en la época medieval, "en el Renacimiento se vuelve a descubrir la sombra", señaló el comisario, que ha seleccionado obras de autores renacentistas como Gentile da Fabriano, Giovanni di Paolo, Pier Maria Pennacchi, Lorenzo Lotto o el maestro de la Leyenda de la Magdalena, así como Jan van Eyck, con su díptico de la Anunciación, Lorenzo de Credi o Lodovico Carracci.

La sala del Barroco es "la más importante, ya que es un momento en que la sombra se vuelve elemento dinámico y dramático en un ambiente teatral y tenebrista", según el comisario, quien propone en el recorrido caminos transversales que unen épocas y artistas pese a la distancia cronológica.

Escenas religiosas de Jean Leclerc, Matthias Stom, Gerrit van Honthorst, Hendrick ter Brugghen, Georges de La Tour, Matia Preti o del llamado Maestro de la Luz de la Vela muestran como la sombra sirve para enfatizar la presencia sagrada. En obras de Rembrandt, Pieter de Hooch o Gerrit Dou, la luz y la sombra construyen espacialmente la composición.

También en el Romanticismo la sombra alcanzó protagonismo. Se asiste a la aparición de una "estética de lo siniestro", con obras de Goya, Joseph Wright of Derby, Adolf Menzel, Jean-François Millet, William Holman Hunt o Emile Friant. Escenas de interior de Monet, Édouard Vuillard y Félix Vallotton ilustran el simbolismo, en el que también se exhiben pinturas de Léon Spilliaert o Xavier Mellery. 

El recorrido por el Thyssen finaliza "con una nota alegre, la de los impresionistas". Según el comisario, sobre la sombra existe la impresión falsa de tristeza, "pero la sombra tiene importancia en los impresionistas". En la sala, "que podría dar nuevas ideas para la interpretación de la pintura impresionista", se exponen obras de Monet, Pissarro, Sisley, Sorolla, Rusiñol o Regoyos.

El recorrido en la Fundación Caja Madrid"La sombra sobre la mujer", óleo pintado por Picasso en 1953, centra el recorrido de la exposición en la Fundación Caja Madrid, en cuyas salas se analiza cómo con Giorgio de Chirico y el "retorno al orden" de los años veinte la sombra alcanza un nuevoprotagonismo. Así se ve en obras de Edward Hopper, Rockwell Kent, Carel Willink, Pyke Koch, Alfonso Ponce de León o Gregorio Prieto.

Ocho cuadros de Dalí ilustran del uso de la sombra en el surrealismo, junto a obras de Yves Tanguy, René Magritte, Paul Delvaux y Esteban Francés. Completan la sala las obras intrigantes de Max Ernst y Joseph Cornell. Andy Warhol y Roy Lichtenstein, en el pop, junto a Ed Ruscha, Gerhard Richter o Susan Rothenberg, muestran su atracción por la sombra, presente también en las fotografías de autores como Man Ray, Alexander Rodchenko o Constantin Brancusi, junto a fotógrafos españoles como Lekuona, Català-Roca o Masats. Cierra la sección un conjunto de tres fotografías de gran tamaño de Sam Taylor-Wood.

www.abc.es

 

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