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Ricardo Cadenas, Museo. Galería La Caja China. PDF Imprimir E-Mail
Escrito por extraido www.diariodesevilla.es   
lunes, 19 de diciembre de 2011
Ricardo Cadenas. Museo Hergé. 2011 Óleo y lápiz sobre papel 100x70cm
Ricardo Cadenas

La Galería La Caja China presenta la exposición MUSEO, un proyecto que aglutina un grupo de trabajos realizados el último año por Ricardo Cadenas (Sevilla, 1960), cuya idea principal es la de acercar el universo gráfico de los cómics al ámbito de la pintura contemporánea, en especial la desarrollada en la segunda mitad del siglo xx. Todas las obras parten de un concepto global de "collage" (o mezcla de códigos), que está relacionado, tanto con el contenido de las imágenes, como con la realización formal.

Tanto monta

Ricardo Cadenas reivindica el placer de aprender a través del juego de la mirada en esta nueva defensa del valor del cómic.

Un año después de su exposición en la Casa de la Provincia, donde repasaba las obras de su trayectoria que tienen relación directa con el cómic y los dibujos animados, Ricardo Cadenas presenta una exposición monográfica sobre el mismo tema pero desde una perspectiva nueva y, sin olvidar la importancia del juego, más crítica. Así, la exposición es una especie de manifiesto que quiere declarar no sólo la importancia del imaginario del cómic en la construcción de nuestra identidad, sino reivindicar su inclusión en los museos de arte contemporáneo de igual forma que las obras consagradas por el gran arte. La exposición de La Caja China es una especie de apéndice crítico de aquella. Ricardo Cadenas parece querer aclarar definitivamente que no es un artista que utiliza la iconografía del cómic para hacer obras más o menos atractivas y amables sino que, además de algo fundamental en su formación como artista y como individuo, el cómic tiene valores plásticos, simbólicos y comunicativos que le hacen merecer un protagonismo más digno en nuestra consideración y en memoria.

Y es que, desde finales de los 70, cuando todavía estudiaba en la Facultad de Bellas Artes de Sevilla, toda la obra de Ricardo Cadenas puede entenderse, en su variedad, como una obra que transita entre fronteras: entre el dibujo y la pintura, entre la figuración y la abstracción, entre el concepto y la realización (la idea y la mano), entre la imaginación y la memoria, entre la cita y el collage, y, en definitiva, entre la alta cultura y la cultura popular. Todo ello no tendría mayor importancia si no hubiera construido entre ellas un territorio propio y reconocible desde el que ofrecer sus propuestas estéticas.

En esta ocasión, el procedimiento es tan simple como efectivo. Ya lo había ensayado antes, pero ahora la concentración en el tema hace mucho más evidente la propuesta. En la serie denominada Museo, que por extensión sirve para titular toda la muestra, une de manera convincente, sin enfrentamientos retóricos, imágenes procedentes del cómic con otras referidas a obras de arte consagradas. El resultado son instantáneas fragmentarias de un museo de arte contemporáneo posible y deseable: sobre un fondo dominado por la cuadrícula del arte secuencial de los cómics animada con diversos personajes se sitúa alguna pieza emblemática de la modernidad artística. Para ello, escoge también obras fronterizas como alguna de las combine painting de Rauschenberg, una de las esculturas comprimidas de francés César o la titulada Orb de Robert Indiana, todas ellas entre el objeto y la escultura, entre la escultura y la pintura, y entre el expresionismo abstracto y el arte Pop.

En adelante podrá o no utilizar la iconografía y recursos del cómic pero ya está fijada su posición. Cuando pensamos que los medios de comunicación de masas son fundamentales en la construcción de la realidad, el uso de imágenes y recursos gráficos nacidos en esos medios para construir el cuadro parece razonable. Es más, en el caso de Ricardo Cadenas, las diferentes referencias se apoyan mutuamente y hasta sirven para contextualizar las obras de arte que cita.

Una operación diferente es el retrato de Tintín que ilustra un imaginado museo de Hergé, su creador. Aquí no se parte de las tintas planas de la historieta en papel sino de un modelo de escayola para dibujar al personaje según principios de modelado que aceptaría la más rígida academia neoclásica. El fondo sepia de la obra intensifica el desplazamiento que sufre el icono popular en su deriva hacia la pieza museística.

Toda la exposición, donde también aparece la silueta recortada del artista adolescente enfrentada a espacio abstracto monocromo, tiene un aire de fascinación cumplida, como si se hubiera superado la nostalgia de lo prometido, de lo desconocido de la revolución cultural de los 60 en la Sevilla de entonces. En este sentido, desde otros parámetros e intereses, su obra es comparable a la de Manolo Cuervo. En ambas, la fascinación por los mitos de la cultura popular de masas, de la que aquí, como en la caverna de Platón, sólo llegaban pálidas sombras, es buena parte del motor que pone en marcha el deseo de la mirada. Mucho de ello hay en esta exposición, que es algo más que un autorretrato parcial de su autor, es también una reivindicación del placer de aprender a través del juego de la mirada. Toda una invitación.

Ricardo Cadenas Galería La Caja China. Sevilla. Hasta el 7 de enero.

www.diariodesevilla.es

19.12.2011

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