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VIVIR EN SEVILLA. CONSTRUCCIONES VISUALES, FLAMENCO Y CULTURA DE MASAS DESDE 1966 PDF Imprimir E-Mail
Escrito por extraido CAAC   
jueves, 20 de enero de 2005

VIVIR EN SEVILLA

Construcciones visuales, flamenco y cultura de masas desde 1966

Caratula de Hijos del Agobio de 1977, TRIANA.
TRIANA

En la construcción de la historia artística oficial se le ha prestado escasa atención a una serie de producciones estéticas que se realizaron en Andalucía desde mediados de los años 60 y que estaban influidas tanto por el discurso de las vanguardias, el movimiento contra-cultural anglosajón y los sucesos del mayo francés, como por manifestaciones culturales populares: los toros, las fiestas civiles y religiosas y, sobre todo, el flamenco. La exposición Vivir en Sevilla. Construcciones visuales, flamenco y cultura de masas desde 1966  trata de acercarse a esa producciones estéticas desde un enfoque abierto y multidisciplinar, enmarcándolas en el contexto generacional en el que se desarrollaron.

 


No es, por tanto, una exposición de objetos artísticos al uso, sino un intento de reconstrucción teórica y escenográfica de un fenómeno clave (coetáneo al Tropicalismo brasileño, a la Funkculture de los afro-norteamericanos) en la historia de la creatividad contemporánea andaluza. La identificación y análisis de su contexto generacional nos permite comprender aspectos cruciales de la génesis y expansión de este fenómeno que alcanzó su momento culminante en los años 70. En este sentido, no hay que olvidar que en Andalucía, en los años previos a la llegada de la democracia, una de las principales vías de entrada de la cultura pop (y muy especialmente de la música rock) fueron las bases militares estadounidense de Rota y Morón, así como los discos, películas, comics y libros que traían aquellos que habían viajado al extranjero (sobre todo a París).


El enfoque expositivo de Vivir en Sevilla responde a las nuevas concepciones teóricas y metodológicas que proponen los estudios sobre modos de visualizar , en los que se plantea la necesidad de matizar y diluir las fronteras -a menudo artificiales- que la historiografía académica ha interpuesto entre las diferentes disciplinas artísticas, entre lo que considera manifestaciones expresivas de alta y de baja cultura. Históricamente, esas fronteras han servido para definir y decidir qué es y qué no es cultura de calidad, legitimando un arte elitista y endogámico que, supuestamente, tiene validez universal y no depende del entorno político, económico y social en el que se genera (pues su valor -su calidad- estaría únicamente en su supuesto texto, sin considerar el peso del contexto).

Vivir en Sevilla pone en marcha un proceso de arqueología cultural para analizar el nacimiento, desarrollo y consolidación de una escena artística (ambiciosa, ingenua, impulsiva, vitalista, contradictoria, renovadora...) en la que se cruzaron una gran cantidad de aventuras estéticas (y biográficas) y que se puede considerar un claro precedente de la cultura del rollo progre en Barcelona y de la movida madrileña (un fenómeno socio-cultural que en cierta medida fue desarrollado por creadores andaluces y de otras regiones españolas periféricas que tuvieron que emigrar a la capital para poder desarrollar su potencial creativo). Y no conviene obviar que de esta escena surgió una estética que de forma directa o indirecta ha influido en la propuesta de creadores tan distintos como el grupo musical Mártires del Compás, el artista Federico Guzmán, el cineasta de origen argelino Tony Gatlif o las obras del colectivo La Fiambrera Obrera.

Un recorrido por la exposición 

Vivir en Sevilla se organiza en tres apartados principales -música, cine y juego- y se estructura a través de un recorrido que comienza en los últimos años del franquismo (las piezas más antiguas datan de 1966) y llega hasta la consolidación de la democracia, pasando por el peaje -político y cultural- de la transición. A lo largo de este recorrido, se van apuntando las conexiones de estas producciones estéticas híbridas (a medio camino entre la cultura experimental y la cultura de masas) con el contexto simbólico e histórico en el que aparecieron y que les dio sentido.

De este modo, la recuperación de piezas claves de esa difusa y compleja escena artística -desde los dibujos originales de Máximo Moreno para el disco Hijos del agobio (de Triana) a los largometrajes de Gonzalo García Pelayo, pasando por los grabados de Paco Cuadrado para el lp Cantando a la libertad de Manuel Gerena o el material promocional que se sacó para el festival "Salta la Tapia" (celebrado en el antiguo hospital psiquiátrico de Miraflores de Sevilla)-, se contextualiza con la incorporación de obras representativas de la cultura experimental y underground española: películas experimentales de José Val del Omar o La Esmeralda, historia de una vida, de Joaquín Arbide; ejemplares del cómic El Rrollo enmascarado; dibujos de Luis Gordillo, Carlos Alcolea, Manolo Quejido, Chema Cobo o Guillermo Pérez Villalta; una reconstrucción de la instalación Mural para la escuela de Mudapelo de Gerardo Delgado;...

A su vez, en la muestra también se hace referencia a trabajos teóricos y literarios que analizan las políticas de la identidad o las relaciones entre teoría del juego Todo ello acompañado de material documental -carteles, fanzines, fotografías, grabaciones sonoras, programas televisivos, colecciones de discos...-, de la recreación de una estación de radio (en la que se van a re-editar algunos programas emblemáticos de la época) o de puntos de consulta donde se muestran los cálculos estadísticos que ha aplicado con éxito el "clan de los Pelayos" en casinos de todo el mundo.

Nombres propios 

En esta escena socio-cultural desempeñó un papel fundamental el imprevisible y controvertido Gonzalo García Pelayo. Director del mítico sello discográfico Gong, García Pelayo fue un productor musical heterodoxo que, por un lado, apadrinó a los pioneros de la fusión del flamenco con otros estilos (Los Smash, Goma, Triana,...) y, por otro, posibilitó el (re)nacimiento de una modalidad de "arte jondo" primitivo, salvaje, indómito y, en realidad, tan moderno como el anterior (José el Negro, Diego de Morón, Joselero...). Además, en el plano estrictamente visual, fue el impulsor de una profunda renovación de la estética de los discos de flamenco -muchos de ellos, diseñados por Máximo Moreno-, en los que incorporó influencias de la contracultura norteamericana (que pueden apreciarse tanto en las portadas como en las fotografías interiores o en la tipografía).

Nacido en Madrid en 1947, Gonzalo García Pelayo fue también un cineasta polémico que en películas como Vivir en Sevilla -que da título a la muestra-, Corridas de Alegrías y Frente al mar mezcla la estética underground con el flamenco más racial, el experimentalismo formal con reclamos eróticos. En los últimos años se ha convertido en un habilidoso jugador profesional ("un observador de números") que ve el mundo y la vida calculando siempre probabilidades.

El punto de partida de la exposición es el filme Vivir en Sevilla en el que Gonzalo García Pelayo mezcla historias de delincuencia juvenil y represión política con aventuras eróticas, divagaciones filosóficas, experimentos metacinematográficos y un acercamiento tanto al rock flamenco como al flamenco tradicional.

Hay otros muchos nombres propios en todo este proceso, desde Agustín García Calvo que desde su convulsa presencia universitaria en la Sevilla de los sesenta marcó toda una generación hasta Nazario, que llevó hasta Barcelona esas formas de hacer de las gentes del Rrollo de Sevilla; desde el polifacético Pive Amador –fotógrafo, músico, manager, productor discográfico, presentador radiofónico y televisivo...- hasta el  manager, realizador televisivo y productor discográfico Ricardo Pachón , desde el pintor y fotógrafo Máximo Moreno, creador  de las portadas de los discos de Triana o de Alameda, hasta Santiago Monforte, Luis Santos y Julio Ramentol que con el primero forman la cuadriga que cambio el diseño de los discos de flamenco y rock en España, en los sellos Moviplay-Gong, El flamenco vivo-CBS, Raíces-Záfiro y Pauta-Ariola; además de las nóminas discográficas y visuales de Lole y Manuel, Veneno, Pata Negra, Imán, María Jiménez, Familia Montoya, Silvio y Barra Libre, etc, etc.

En cualquier caso, este fenómeno no fue obra exclusiva de una serie de genialidades aisladas, sino que surgió de un proceso de inteligencia colectiva -de poiesis en comunidad- que entronca con las formas de hacer de la cultura popular del flamenco y se proyecta en el presente y en el futuro. Por ello, además de proponer una deriva rizomática utilizando como escenario la ciudad -real y virtual, histórica y simbólica- de Sevilla, la exposición pretende abordar la compleja y productiva interacción que se produjo entre una confusa modernidad heredera de la Ilustración y una cultura popular en la que subsistían elementos claramente anti-modernos. Paradójicamente, esa interacción propició una renovación crítica de esa escena que trataba de ensamblar sus múltiples (y dispares) influencias para intentar configurar un proyecto moderno autónomo y propio. Algo que sólo fue posible gracias a que, como advierte George Bataille, esa cultural popular “había sabido, mejor que nadie, asimilar las propias contradicciones de la modernidad".

 


ACTIVIDADES

Ciclo de cine
INFLAMABLE SEGUNDO.
Cine, flamenco y cultura de masas después de la modernidad

Inflamable Segundo gira en torno a una serie producciones cinematográficas que realizaron, desde mediados de los años sesenta hasta mediados de la década de los ochenta, directores andaluces (o vinculados directamente a Andalucía) como Gonzalo García Pelayo, Fernando Ruiz de Vergara, Carlos Taillefer, Miguel Alcobendas, Joaquín Arbide, Pilar Távora, Juan Esteban Bollaín o José Manuel Calvo. Se trata de producciones muy diferentes entre sí -tanto desde un punto de vista narrativo y estilístico como en relación a los temas que abordan-, pero que tienen su sustrato común en lo popular andaluz.

El ciclo se articula en torno al filme Vivir en Sevilla (1978), en el que el polémico y polifacético Gonzalo García Pelayo mezcla historias de delincuencia juvenil y represión política con aventuras eróticas, divagaciones filosóficas, experimentos metacinematográficos y un acercamiento tanto al rock flamenco como al flamenco tradicional.

 

Del 20 de Enero al 27 de Marzo de 2005
Comisario: Pedro G. Romero
CENTRO ANDALUZ DE ARTE CONTEMPORÁNEO
Monasterio de la Cartuja
Avda. Américo Vespucio, 2- SEVILLA
 

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